Editorial

Hace unos meses, y para alegría de muchos, salía al mercado una nueva cabecera, Love, con una tirada de 300.000 ejemplares y apoyada en una brutal campaña publicitaria. Yo pensaba que el mercado del corazón, aunque a mi me gusta llamarle de la casquería, estaba más que saturado… me equivocaba.
Los editores y productores de este tipo de productos (TV, revistas, radio…) han defendido que ellos ofertan lo que el público demanda y, por sus resultados, deben de tener razón. Lo que supondría, lamentablemente, que estamos, o seguimos estando, en un país de pandereta.
Entropía se mueve en otro campo, como mínimo distinto, pero las estanterías y stands de los kioskos, librerías y centros comerciales tienen su espacio limitado, y sus dueños, lógicamente, velan por la rentabilidad de sus negocios. Al final, revistas como Entropía, que sólo se plantea sobrevivir, quedan apartadas de la vista de los posibles lectores o, peor aún, ni siquiera son desembaladas.
Las panderetas de este país siempre sonarán mejor si son acompañadas de un buen relato o poema que de un polvo o ruptura del último famoso de turno. Entropía sólo es un ejemplo de que este país también puede editar y consumir otro tipo de lectura.

Javier Sanz

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